Protección y promoción de la salud mental en la Región de las Américas

Woman sitting on a staircase, melancholic

© aldomurillo/Getty Images

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La salud mental en la Región de las Américas

Los trastornos mentales, como la ansiedad y la depresión, y los trastornos relacionados con el consumo de sustancias psicoactivas, como el abuso del alcohol o el tabaco, afectan a personas de todo el mundo y contribuyen a una carga de enfermedad significativa. La Región de las Américas no es la excepción: las tasas de prevalencia de la ansiedad y los trastornos depresivos son elevadas, y en los últimos años ha aumentado de forma considerable el número de personas con demencia, que en el 2019 fue la tercera causa de muerte en la Región. 

La pandemia de COVID-19 exacerbó los problemas de salud mental y los colocó en el punto de mira. En el 2020, la salud mental de la población de América Latina y el Caribe se deterioró, y la prevalencia de los trastornos depresivos y de ansiedad graves aumentó un 35% y un 32%, respectivamente. Algunos grupos poblacionales se vieron afectados de manera desproporcionada, como el personal de salud y de primera línea, las mujeres, la población joven, las personas con problemas de salud mental preexistentes, las minorías étnicas y las personas en situación de vulnerabilidad. 

En muchos países no hay acceso a servicios de buena calidad para tratar los problemas de salud mental. Además, el financiamiento de esos servicios es insuficiente: el gasto público en salud mental representa solo alrededor del 3% del presupuesto de salud. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha instado a todos los Estados Miembros a promover un aumento de la inversión en servicios de salud mental. 

La Región de las Américas es la única en que las tasas de suicidio están aumentando 

Entre el 2000 y el 2019, la tasa de suicidio aumentó un 17% en la Región de las Américas, lo que la convirtió en la única región de la Organización Mundial de la Salud (OMS) donde la tasa estaba creciendo. La muerte por suicidio es más frecuente en los hombres que en las mujeres, y la tasa más alta de la Región se da en las personas de 45  a  59  años. El suicidio es la tercera causa más frecuente de muerte en la población joven de 20  a  24  años. En un estudio reciente de la OPS y sus asociados se mostró que el aumento de la mortalidad por suicidio estaba vinculado con el incremento de las tasas de mortalidad por homicidio y de consumo de alcohol y sustancias psicoactivas en el caso de los hombres, con la desigualdad educativa en el caso de las mujeres y con el desempleo en ambos sexos, así como con una menor densidad de población, como la que hay en las zonas rurales. El suicidio también afecta de manera desproporcionada a los grupos en situación de vulnerabilidad, como las poblaciones indígenas y las personas LGBTQI+. 

Las estrategias basadas en la evidencia destinadas a prevenir el suicidio deben centrarse en detectar de forma precoz a las personas en situación de riesgo, fomentar la salud mental e intervenir en casos de crisis, así como en restringir el acceso de las personas a los medios que hacen posible el suicidio, como las armas de fuego y los plaguicidas, interactuar con los medios de comunicación para que informen de manera responsable sobre el suicidio y contribuir a que los jóvenes adquieran competencias socioemocionales para la vida. 

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© Lighthouse Films/Getty Images

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“El suicidio se puede prevenir: actuemos para fomentar la esperanza y  reduzcamos el suicidio en la Región”. 

Dr. Jarbas Barbosa da Silva Jr.
Director de la OPS

Una nueva agenda para la salud mental en las Américas

La nueva estrategia de la OPS para mejorar la salud mental en la Región de las Américas

La OPS creó la Comisión de Alto Nivel sobre Salud Mental y COVID‑19 para responder a la elevada prevalencia de la ansiedad y los trastornos depresivos en la Región y ofrecer recomendaciones destinadas a que la OPS brinde un mejor apoyo a los Estados Miembros. Las recomendaciones de la Comisión se incorporaron a una nueva estrategia regional que los Estados Miembros de la OPS respaldaron en junio del 2023. La estrategia se basa en seis líneas estratégicas: 

1. Fortalecer el liderazgo, las alianzas multisectoriales y la integración de la salud mental en todas las políticas. 

2. Mejorar la disponibilidad, la accesibilidad y la calidad de los servicios comunitarios, además de apoyar el avance de la desinstitucionalización. 

3. Impulsar las estrategias y las actividades de promoción y prevención a lo largo del curso de vida. 

4. Fortalecer la integración de la salud mental y el apoyo psicosocial en el contexto de las emergencias. 

5. Fortalecer los datos, la evidencia y la investigación. 

6. Hacer de la prevención del suicidio una prioridad nacional de todo el gobierno. 

Estas líneas de acción se pondrán en práctica en un período de siete años (2024-2030). 

Integrar la salud mental en la atención primaria de salud

La OPS ha trabajado para integrar la salud mental en la atención primaria de salud, lo que permite ofrecer una atención digna y de calidad en las comunidades.

Se ha puesto énfasis en formar a profesionales de la salud no especializados para que presten servicios de salud mental en entornos donde se brinda atención primaria de salud. La cooperación técnica de la OPS se centra sobre todo en ayudar a los países a elaborar planes que faciliten la ejecución del Programa de acción mundial para superar las brechas en salud mental (mhGAP, por su sigla en inglés) de la OMS.

Proteger y promover la salud mental como derecho humano

Si bien se ha reconocido la necesidad de que los países promuevan leyes de salud mental que respeten los derechos humanos establecidos en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y la Declaración Universal de Derechos Humanos, se estima que solo algo más del 60%  de  39  países de la Región de las Américas cuentan con una ley de salud mental independiente, y casi la mitad de 37  países carecen de una autoridad específica o funcional que evalúe el cumplimiento de los instrumentos internacionales de derechos humanos.

La OPS mantiene su firme determinación de trabajar con los países más allá de las fronteras y las desigualdades, brindando apoyo técnico para que se formulen leyes de salud mental que cumplan las convenciones internacionales.